lunes, 25 de enero de 2016

Conocí a un Master (4, especial Liga Universitaria de Juegos de Rol):

Conocí a un Máster (4, especial Liga Universitaria de Juegos de Rol):




Había visto los eventos que la Liga Universitaria anunciaba en su grupo de facebook. En los comentarios la gente siempre los recomendaba pero C.U. no estaba precisamente a la vuelta de la esquina, así que mayormente me había quedado con las ganas, sin embargo, un día vi que harían un evento en un café cerca de Metro Revolución y ya que era céntrico, cortejé la idea de asistir.

Ir a jugar entre roleros desconocidos no siempre fue una experiencia grata. La mayoría de las veces si el Máster no te sobaja, los demás te trataban como un externo si se conocían, y peor aún cuando nadie se conoce, pues la mayor parte del tiempo se gasta haciendo hojas para un personaje y crónica que no se volverá a jugar... Además, ya que la cita era en un café, me preocupaba que hubiera un concepto de consumo mínimo y por la zona el precio también era una consideración.

Igual me hice a la idea de ir; los amigos roleros son aún más desconfiados de los eventos, esperando que los viejos buenos tiempos regresen  así que con nada más que la compañía de google maps me decidí a asistir.

Mi callejeo no es muy bueno, así que el merito de dar con el lugar fue gracias a una manta con el logo de la Liga, entre al café e inmediatamente después de llegar tras ofrecerme el servicio la misma gente del café me dirigió a los roleros en el segundo piso. 

Fue algo veloz, un "bienvenido, como estás,  ¿quieres jugar o narrar?" No había pensado en la posibilidad de narrar pero estaba listo. Solo que antes de decidirme llegó alguien más y al ofrecérsele lo mismo, con mucha más resolución dijo "narrar", por instinto pregunté qué y contestó Cat. Otras cuatro personas sin mesa preguntaron de que se trataba y aunque yo conocía la obra de John Wick no había tenido oportunidad de jugarla.

Se armó la mesa junto a otras tres que ya estaban funcionando. Y sin pensarlo dos veces la Máster explicó que seríamos gatos mientras al tenor de las hojas con un gato y sus respectivas casillas para atributos nos quedaba claro que lo seríamos.

Nos explicó un breve trasfondo de la cosmogónica del mundo. Era claro que sabía lo que hacía, como me era claro que llenó algunos huecos con su propia mítica. No dije nada. No soy purista y bienvenidos los giros.

Nos pidió un trasfondo de nuestros gatos. Por las complicaciones de adaptarse fue fácil ver más o menos como estaba conformada la mesa, quien jugaba qué y quien jugaba seguido.

El golpe fue rápido. Teníamos dos dungeoneros, un vampiro y un reaccionador, fue obvio quienes resintieron más el ser un gato, no un licántropo, no un aventurero polymorfado sino un gato tan mágico como los de la vida real.

Yo sabía que el gran problema del juego es que requería entender el concepto, pero inmediatamente después, la verdadera complicación era hacer historias donde los gatos pudieran lucirse considerando que facebook nos educa para creer que solo son pequeñas bolas cómicas de ternura y flojera.

Lo primero lo intentó resolver con los trasfondos, pero no había funcionado mucho así que apostó por lanzarnos al ruedo según nuestra historia mientras nos asignaba un objetivo narrativo inmediato: estás tras la pista de un ratón. Estás en el parque. Tu dueño te dejó a cargo del perro. 
El truco funcionó a medias pues algunos seguían buscando el ThAC0 aún pese que estaba sometida la rata, así que se la jugó, y decidió que la rata suplicara por su vida.

Su voz. Todos rieron al escuchar a la rata que gimoteaba sobre su suerte. No logró evitar que la destriparan porque era un enemigo y eso es lo que la partida hace. Pero estableció el modo, así que solo faltaba el ritmo.

¿Como lograr que se movieran?
Uso a un chihuahueño y a otros ratones para dirigirnos. Pronto las ocurrencias sobre dormir y perseguir la cola cesaron para dar cabida a un misterio de un niño muerto y la noblesse obligue que implica para los guardianes del hombre.

Entonces la vi por lo que era. Pensaba yo que era una entusiasta y sus habilidades sugerían una veterana. Pero yo no caía en apariencias, así que esperé. Otro jugador no lo hizo, pues precisamente el que más se había acoplado sin resistencia a todo por el bien de la partida, se decidió por ponerle de si a la crónica y con ello, presionó la historia a una historia más personal. 

La Máster lo tomó como llegó, sin sorpresa ni titubeos acopló la historia a las nuevas sugerencias y subió el reto. Los demás nos acoplamos como pudimos, pero sea porque estaba testeando las aguas o porque quería ver hasta donde llegaba la Máster que prometía, subió la apuesta una vez metiéndose en la piel de gato y tomando el liderazgo de la partida.

La Máster respondió acorde: la sencilla trama se convirtió, e pronto un espíritu viejo buscaba matar a un niño y cinco gatos eran toda la esperanza que tenía ese niño.

El jugador veterano y la narradora veterana estaban trabados en un duelo. No de egos sino de rol. Subiendo la calidad narrativa en aras de disfrutar el rol al nivel que claramente no siempre podían explotar, con nosotros en medio.

Los otros jugadores y yo estábamos maravillados por el intercambio. Parecía que los otros nunca habían visto un duelo no entre narrador-jugador sino un duelo entre  roleros.  Y yo, que habiendo atestiguado suficientes, no había visto uno así.

La narradora acomodaba. El jugador desacomodaba y proponía. Ella acoplaba y elaboraba. El jugaba con sus reglas. Ella no lo limitaba sino que lo incentivaba.

Entonces, antes de que nos sintiéramos solo afortunados espectadores, llegó el final. El camino sencillo era el obvio, cinco gatos contra el espíritu en una batalla abstracta.

Pero la Máster no quería el camino fácil, así que escogió el sutil. 
Encuentra al espíritu, atrápalo o destiérralo, salva al niño (su cuerpo o su alma) o enfrenta a un humano que obviamente no puede ser vencido por gatos pero que solo es un distractor . Todo o nada. Para todos los que quisieran el final que quisieran. 

Sin embargo el jugador hizo lo impensable, en su papel de líder, nos ayudó a cumplir nuestros objetivos personales mientras organizaba las cosas para que cinco gatos dieran la pelea más verosímil a un humano que vencido se reveló como el enemigo al que además con sacrificio anticipado por el jugador y respetado por el Master, se había neutralizado por completo.

La sensación personal de victoria fue increíble y los compañeros la disfrutaron mucho. La Master agradeció y así lo hizo el jugador.
¿Y yo? Me pase un gran rato al descubrir que siempre se puede subir el nivel del rol conocido un poco más.


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Parroquianos no olviden  que si conocen al Máster etiquétenlo, por ningún otro mejor motivo que honor a quien honor merece.

2 comentarios:

  1. _"El golpe fue rápido. Teníamos dos dungeoneros, un vampiro y un reaccionador, fue obvio quienes resintieron más el ser un gato, no un licántropo, no un aventurero polymorfado sino un gato tan mágico como los de la vida real."_
    Y aun así menudo triunfo de partida. Me hubiese encantado estar allí.

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    Respuestas
    1. A quien no.
      Recuerde que puede enviar a nuestro correo monasteriodelrol@gmail.com una anécdota sonre algún Master que merezca reconocimiento, a ver si sus jugadores lo reconocen.

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