sábado, 26 de septiembre de 2015

La Tragedia del Aprendiz

Fue hace ya algún tiempo que Jeremy Kaye subió a su TUMBLR una pieza de humor rolero, en la que se ilustra un problema bastante común de Dungeons & Dragons 3-3.5, al confundir lo que la Sabiduría y la Inteligencia implican, ejemplificando de manera muy humorística la diferencia.



Sin embargo, alguien le tomó un significado más profundo; haciendo una segunda parte en la que resuelta aquella confusión, sobreviene un nuevo problema.



Así es, el jugador (aprendiz) de rol, cree que entendiendo el sistema puede (y debe) vencerlo en vez de trabajar con él, sin saber que el sistema, aún uno viejo como Advanced D&D (que es donde lo situó), responde de manera acorde, cumpliendo su función de seguir educando a un jugador claramente falto de sabiduría.

Pero no para ahí.

En la tercera parte, el Aprendiz ya entendió que el sistema puede defenderse dentro de su propia lógica, y el jugador insiste en el mismo curso de acción esperando un resultado diferente, algunos lo llamarían locura, otros testarudez, pero bueno, somos roleros.



Y es que el sistema colabora con el narrador, quien en su función de árbitro entre las reglas y el jugador, viendo que no se le entiende el enmascarado intento de disuadir una acción, interviene de manera explosiva y apabullante tratando de meter algún tipo de humildad en el jugador.

Claro que si el jugador de rol tuviera sentido común, no sería jugador de rol.



Entonces el Aprendiz demuestra su astucia, anticipando los pesares por venir en su perseverar, aunque sus esfuerzos de raíz, pese todo lo perdido, están condenados ante la negativa de que determinado curso de acción se siga. Es sencillo, el narrador y el sistema simplemente tienen demasiados recursos para usar contra él.


Desesperado, el Aprendiz ya no sabe si es valor o estupidez lo que lo motiva. Según razona ha perdido tanto que debe continuar o todo habrá sido en vano. Hace inventario de lo que le queda, y habiendo pagado con un ojo, una mano y la razón misma, se decide por un último intento.



Es fácil ver como el narrador, aún teniendo recursos infinitos, le cuesta realizar esta última contra astucia. Es necesaria, pero más que un castigo es una medalla.

Al final ese es el ciclo en el que la guerra de egos entre narradores suele desarrollarse, aquellos que han recorrido la senda y que han perdido, han alcanzado verdadera sabiduría, tanto como aquellos que saben apreciar el camino que alguna vez recorrieron pueden recordar la humildad que dan las ideas sin importar que empecinadas sean.



Así, llamamos la Tragedia del Aprendiz a la ordália que se construye en conjunto, jugador y narrador para convertir a todas las razones incorrectas en una gran historia digna de rememorar. El esfuerzo que se da no en un rolero, sino en la comunidad rolera.

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