jueves, 25 de junio de 2015

¿Cómo llegamos aquí?


Esta es una pieza inspiradora sobre el rol y el significado personal que tiene para cada uno, traducido por el Monasterio del rol para los hispanohablantes del blog, My Own Little Shadow de Mark W. Woodring.



¿Cómo llegamos aquí?

He tenido ganas de hacerlo por algún tiempo, desde que comencé a escuchar el podcast de un amigo:

“The Misadventures of Max’s Minions” (Las desaventuras de los esbirros de Max) es el podcast de un juego de rol llamado Calabozos o Dragones, en el que se cuenta la historia de un grupo de aventureros que navegan en el sistema de D&D.

Pero este post no es sobre el podcast. Es decir, escucharlo fue el catalizador por supuesto, pero no es de lo que se trata.

Me arrastré a los rincones y saqué de sus contenedores las memorias de mis jóvenes días. De ahí extraje los libros de Primera edición de D&D, los juegos de rol de Guerras de las Galaxias, los basados cyberpunk de Shadowrun e incluso el inspirado por Roger Zeleny; Amber RPG.

¡Oh! Esos días de la preparatoria (y en adelante), en los que llenaba mi casa con suficiente sal y azúcar (frituras y refresco) para matar a un rebaño. Quedando con todos los amigos que se pudiera para perseguir la gloria del juego de rol todo el fin de semana. Hora tras hora, en las yuju (y a veces no tan yuju) horas de la mañana, solo para dormir, levantarse, comer y comenzar de nuevo.

Sin relojes. Sin responsabilidades. Nada excepto nuestros amigos en la mesa, concentrados en un solo objetivo, golpeándonos entre nosotros fuera y dentro de personaje. Hablando entre nosotros si acaso no pertenecíamos a los mismos círculos sociales.

Trabajo de redes sociales.

Da risa, pero es cierto. Aquellos que jugaron (y aún juegan) lo saben. Era imposible jugar rol sin expandir tus círculos sociales, lo quisieras o no. Los amigos traían conocidos que se volvían amigos que traían...

Ya entiendes la idea.

¿Por qué la nostalgia te preguntarás?

Buena pregunta. Aquí esta el porqué.

A pesar de que dejé de jugar, nunca perdí mi amor por hacerlo. La interacción, la creatividad, la justa verbal, la lógica, solucionar problemas, todo ello. Escuchar el podcast de mi amigo me recordó todo eso de una forma muy visceral. Hubiera querido estar ahí, en la mesa, causando problemas, solucionando problemas, y siendo únicamente yo, todo en ese espacio que creábamos juntos.

Lo extraño. Extraño jugar como extraño trabajar con mis muchachos del ejército desde que me retiré. Fue una enorme parte de, y tuvo un enorme impacto en, mi vida hasta ese punto. No creo que hubiera tenido éxito en lo militar como lo tuve (o no lo tuve dependiendo de como se vea) sin el rol.

Era terriblemente tímido al crecer. Aún lo soy.  No me gusta ser el centro de atención o dirigirme a una multitud (aunque lo hago si tengo que hacerlo). Como parte de un grupo siempre preferí mantenerme en perfil bajo y seguir la corriente.

Jugar cambió eso. La pregunta "¿Que vas a hacer?" y saber que mis elecciones, mis acciones tendrían consecuencias (consecuencias imaginarias, claro, pero consecuencias de todas maneras) para la gente a mi alrededor fue una nueva experiencia. Lo que podría hacer en una situación podía asegurar o destruir un esfuerzo, así que fui forzado a no quedarme sentado, a no estar callado, a no seguir la corriente. Fui forzado a no ser tímido.

Fui forzado a ser yo.

Suena tonto. Lo sé. Ya que al final es solo un juego. Pero todos los juegos (de cartas, tablero o juegos físicos) nos enseñan algo, sea a como seguir las reglas, planear estrategias o pensar creativamente: no es el juego lo que importa, sino lo que tomamos de él.

Cuando los atletas miran hacia sus días de gloria en la preparatoria, universidad o incluso a nivel profesional, siempre hablarán de lo que aprendieron, lo que les enseñó acerca de si  mismos y de como tomar la vida.

Pensarán que es una comparación muy ingenua. Quizá.

Pero no para los que lo disfrutamos, los que aprendimos de él, los que dejamos que las lecciones de la experiencia nos informaran quien éramos y en quien éramos capaces de convertirnos. ¿Hubiera logrado 20 años en el ejército sin lidiar con compañeros no exactamente como yo?

Quizá.

¿Hubiera empezado a escribir sin las historias que al principio me contaban pero que yo ayudé a moldear?

Quizá.

Quizá no.

Lo único que sé es que jugar fue muy importante para convertirme en lo que soy. Sacar esos libros no se trata de sentarme y volver a jugar (aunque quizá en alguna ocasión que logre traer a los viejos camaradas y tengamos el tiempo...) sino de recordarme que es lo que significaron y que hicieron por mi.

Los saqué porque es algo importante que no debe ser almacenado en una caja en un lugar oscuro. 

Apuesto, que si revisan esos rincones de su memoria, ustedes encontrarán esa caja llena de cosas que los convirtieron en lo que son. Quizá no sean cosas físicas que puedan tomar con su mano, pero son suficientemente reales. Están ahí por ti.

En tu mente.

En tu corazón.

Ve y dales las gracias. Probablemente ha pasado un tiempo desde que lo hiciste.

—Mark W. Woodring.

Traducido por el Monasterio del rol,  de su blog My Own Little Shadow, en el que encontrarás el original en inglés.


Con especial agradecimiento a Mariano Romero por hacernoslo saber tanto como por entender cual es el objetivo del Monasterio del rol; honrar al rol por las muchas bondades que nos ha dado.


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