jueves, 17 de diciembre de 2015

Conocí un Master (3): Vampiro La Mascarada.

Conocí un Master (3): Vampiro La Mascarada.



Mi mesa ya tenía tiempo operando juntos. Funcionábamos bien, especialmente considerando que éramos casi todos nuevos y aunque el narrador no revelaba sus experiencia real, esta se notaba. Pero tras una campaña particularmente épica, otro de nosotros, de alguna manera el menos esperado, decidió narrar Vampiro La Mascarada.

Para entender lo que estaba por suceder, necesitan saber que el Master que nos hizo roleros era un Dungeonero mientras que el nuevo narrador, era evidentemente un jugador veterano muy bueno, pero raramente interesado en el roleo. Y en ese momento nadie notó que quería lograr el renombre de enfrentar al otro Master, así que sin saberlo, las cosas no perfilaban bien.

Comenzamos en el Mundo de las tinieblas con lo básico; desorientados y perseguidos. No esperábamos historia y en cierta manera no la hubo, porque básicamente era una especie de D&D, somos neonatos y hay una misión. Sin embargo, cuando un nosferatu a cargo de la intel del Principe de la ciudad nos llamó para darnos la misión... nos quedamos con la boca abierta. El narrador de vampiro comenzó a hablar solo. Se interrumpía y ordenaba en primera persona mientras solo el escuchaba lo que a si mismo se decía,  pensarán que la actuación es normal en el rol, pero no lo era en aquellos años, no lo fue por mucho tiempo en Dungeons, así que ver al ranger de nuestra partida cuya contestación era por lo general algún monosilabo, convertirse en un nosferatu organizando una especie de salón central de información nos movió el terreno. Y apenas comenzaba.

Un toreador Principe de la Camarilla y un loco (no un payaso con el pretexto de ser Malkivian) no fueron preparación para las manadas del Sabbat cuya locura se sentía completa, cuya agresión era palpable, realmente se había apegado a lo que el sistema narrativo ofrecía, así que el único defecto que reclamarle, era su obsesión por impresionar al que recién había sido nuestro Dungeonmaster, porque con él habíamos vivido una historia como ninguna, en la que Reyes y Demonios con mentalidades y  voces tan diferentes que no parecían de la misma persona aunque lo fueran nos cautivaron, así que el narrador tenía que hacer valer los 13 clanes, la yihad camarilla-sabbat y se notó que desde el principio le gustó el concepto de la caza de sangre/salvaje.

Luego comenzó la guerra. Con ese "estilo" de juego cautivante y ad hoc al mundo de las tinieblas, nuestro narrador en turno nos presionaba con los monstruos espantosos que proveía el sabbat, lo que no anticipó es que nuestro antiguo Master, versado en el rol, aprendió el estilo y con él le dio vida a tzcimisces y ghouls, arrancando del narrador lo que había mostrado como su sello personal. Llevando la lucha al siguiente nivel. Uno muy increíble por cierto.


Visto que su duelo no podía resolver su conflicto por su conocimiento del rol, lo llevaron al terreno del combate. A partir de ese momento el narrador se dedicó a tratar de matar al Master y aquel, versado en sistemas y roleo le dio tal oposición que los únicos afectados fuimos el resto. Bueno, afectados entre comillas porque si bien a nadie le gusta que le lancen una manada de Garous solo para matar al único jugador que la sobreviviría y pese sus mejores esfuerzos el resto de la partida no lo logrará; honor a quien honor merece, porque verlos trenzados en ese combate a veces de sistema a veces de interpretación, elevó el nivel de la mesa enormemente. Así de simple; el riesgo desmedido y casi arbitrario valía por ser participe en esa guerra.

Al final, aprendimos como un jugador puede masterear sin ser narrador y como un narrador puede mejorarse al servicio de su mesa. Lecciones que para la siguiente crónica nos valieron jamás volver a sentirnos novatos, porque con lo visto y aprendido, ni Dungeons, ni Vampiro volverían a ser iguales.

[Como siempre si usted conoce al Master(s) descrito(s), etiquételos para que reciba el honor que merece quien sirve a su mesa]

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