sábado, 28 de mayo de 2016

Conocí un Master (6) La traición.




Mi tropa y yo llevábamos jugando un rato D&D 3.5 y el narrador comenzó una campaña con Warcraft. El mundo está interesante y nuestro narrador sabía llevar la trama un poco básica pero vibrante de forma que no solo no te aburrías sino que querías seguir. Todo estaba bien salvo por aquellas cosillas que suceden, ya saben, fallas las misiones más estúpidas, pero cuando esta en riesgo cambiar la historia, ahí sí hasta parece que es a propósito. Además teníamos a nuestro campeón, ya saben el jugador que cuando todo se va al carajo, hace algo increíble y la partida sale avante.

Avanzamos tanto que hicimos una segunda partida para checar otros eventos mientras la partida alta "descansaba". Yo creo que ya llevábamos como más de un año jugando en modo Universidad (osea unas 5 veces a la semana) cuando invariablemente, después de liches, dragones y zombies, y no pocos que eran combinación, nos enfrentamos a un demonio.

Siempre que trato de recordar qué salió mal la verdad no estoy seguro. Es decir, la tropa era sólida y éramos  amigos, pero ese día estábamos no sé, cargados, ningún conflicto evidente, solo alguien andaba de malas y pues nos contagió, así que las cosas se pusieron tediosas y en vez de parar, el narrador decidió lanzar un demonio para avivar los ánimos. No lo balanceó muy bien, de hecho claramente estaba por encima del nivel de la partida, pero en realidad nuestro narrador creía que TODO debía estar muy por encima de la partida, así que tras cada victoria apretaba más y más, y esta vez simplemente se le salió de las manos. Entonces cuando alguien de la partida atacó (sacando un desastroso 1) y el enemigo contesto el ataque de oportunidad con un crítico que lo pulverizó... Boom. Se fue todo, a eso, al demonio.

Nuestro mejor jugador se creció inmediatamente. Casi como si tuviera la habilidad mutante de igualar el tablero se convirtió en otro personaje y le hizo frente, no era sorpresa. Pero los dados, no estaban de su lado. Lo que es peor, el narrador sintió que podría ser esa la vez que no pudiera salvar el día, y todavía (descaradamente para quien ya tiene medida la situación) subió la agresión y creció los poderes del demonio. Alguien le reclamó, y dijo que no se trataba de un demonio cualquiera... así de sencillo, enfrentábamos al jefe final. Al enemigo sobre el que había girado la trama.

El tedio se fue, estábamos emocionados. Pero el enojo seguía ahí, pues ya había bajas, y las dos partidas caían ante ataques y magias diseñadas para diez niveles arriba (Warcraft es muy exagerado al respecto) caíamos porque no estábamos haciendo bien nuestros trabajos, ya que en ese afán de vencer al narrador ahora que nuestro campeón regular había sido frenado, nos fuimos por la gloria personal... a costa de la partida.

Muerto tras muerto, la arbitrariedad que hasta ese momento se percibió como reto aceptado, se convirtió en frustración. No se puede culpar al narrador de todo, en esencia era así como estábamos jugando, como nos gustaba. En todo caso el problema es que estaba disfrutando mucho tenernos en el suelo. Lo malo es que un jugador veterano no confía en sus dados sino en su habilidad, así que nuestro campeón, valiéndole que la suerte lo tenía en el suelo, le dio el giro a la batalla. Y eso, eso fue todo el problema.

Fue obvio porque ese giro del destino enojó al máster. Mucho. Un año de repeler sus monstruos, y de la nada la historia se repetía. La traición no vino del narrador, ni siquiera porque atacó a sus personajes con odio inusitado; con saña. No. La traición vino cuando el campeón en su papel de líder nos dijo como prevalecer y decidimos no obedecer. No apoyarlo. Dejarlo morir.

El no vio llegar nuestra traición. El narrador no lo podía engañar con plots y decisiones morales. Pero nosotros sí lo logramos engañar, solo que a ese engaño se le llama traición, pues así como guardábamos silencio para no intervenir, se dio cuenta que no era  ninguna otra cosa que vil y llana traición.

Y con su caída, cayó toda la partida, un año de trama. 
A veces pienso que hasta la amistad que nos unía. Era cierto lo que predican por aquí; el rol deja ver quien realmente eres.

Y yo; soy un traidor.






4 comentarios:

  1. Creo que la etiqueta [Conocí un master. Anécdota.] esta mal enlazada. Debiera direccionar a http://monasteriodelrol.blogspot.com.es/search/label/Conoc%C3%AD%20a%20un%20Master

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, ya la chequé dos veces pero no logro hacerla funcionar. De todas maneras seguiré revisando. Gracias nuevamente,

      Eliminar
  2. Oh, you... vaya traición con la que uno se desayuna un domingo por la mañana. Fea actitud, aunque habitual en situaciones de tensión semejante. Divertida sección, sigan así :)

    PD: como dice cifu79, la etiqueta está mal (hay un punto donde debería haber una coma)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Estamos revisando la etiqueta, gracias por hacerlo notar. La anécdota que nos enviaron era más larga y la partimos en dos, la semana que viene publicamos la segunda parte.

      Eliminar